Ejercicios correctivos, ¿qué estamos corrigiendo realmente?

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Ben Cormack

Musculoskeletal Therapist United Kingdom

Por alguna razón sigo recibiendo correos electrónicos ensalzando las virtudes del “ejercicio correctivo”. Cada vez que escucho el término “ejercicio correctivo” la pregunta que siempre me viene a la cabeza es “¿qué demonios estamos corrigiendo?” especialmente porque el ejercicio “correctivo” a menudo se promociona como un alivio o eliminación del dolor y la prevención de lesiones.

En los últimos años, al profundizar en la investigación sobre el movimiento, la postura, el dolor, contracción muscular, etc. una cosa que es consistente es que no hay demasiadas “correcciones” bien definidas que podamos usar para “corregir”.

Seguramente para embarcarse con confianza en lo que sientes que es una estrategia “correctiva” tendrías que tener evidencia objetiva de lo que es “correcto” y evidencia de que la desviación de este “correcto” es la causa de lo que estás tratando de curar o prevenir. ¿Quizás estoy siendo demasiado analítico aquí?

Uno de los conceptos subyacentes que aparecería en el campo del “ejercicio correctivo” es que necesitamos tener una “buena” postura y músculos “equilibrados”. Una cosa que rara vez veo explicada adecuadamente es cómo estas posturas o desequilibrios llevan realmente a un dolor agudo o crónico y los mecanismos implicados. Este alarmismo es pesado en el melodrama y ligero en la evidencia.

¿De dónde viene este mágico concepto? No conozco una definición consensuada de “buena postura” que podamos usar objetivamente para luego definir “mala” y luego “correcta”. Parecemos fácilmente seducidos por complejas teorías anatómicas sobre “corregir” y “neutral” que a menudo no están realmente apoyadas por la evidencia disponible. ¿Quizás deberíamos aplicar este escrutinio a muchas de las ideas que proponen la desviación de lo “correcto” como la causa del dolor?

Incluso antes de que veamos cualquier evidencia, deberíamos ver la plausibilidad científica básica de la idea.

Ciencia básica

Parte del proceso de dolor que se origina en un tejido específico, como un músculo, se produce por la estimulación de los nociceptores contenidos en el tejido. ¡Los nociceptores son receptores que perciben estímulos! Codifican este estímulo y luego transmiten este mensaje al cerebro a través de la médula espinal. El cerebro decide entonces si esta información que recibe es suficiente para convertirse en la experiencia o la salida del dolor. Tenemos que apreciar que esta información del tejido puede no ser suficiente por sí sola para ser traducida en la percepción del dolor.

Algunos nociceptores pueden ser polimodales, es decir, perciben estímulos mecánicos, químicos y térmicos que podrían causar una amenaza para el tejido, otros sólo perciben un único estímulo y algunos son rápidos en el envío de información y otros son lentos.

Los nociceptores tienen un umbral alto, lo que significa que el estímulo requerido para que envíen una señal al cerebro tiene que ser bastante alto. Esto tiene mucho sentido porque si los nociceptores tuvieran un umbral bajo para un estímulo, entonces estarían saltando y enviándo señales todo el tiempo y la vida se convertiría en una experiencia bastante dolorosa.

Estos niveles de sensibilidad pueden alterarse y podemos verlo en personas con dolor persistente y también cuando el estado del tejido cambia, como en los períodos de inflamación y la cascada química resultante que se produce.

Si pensamos en personas con un estado tisular normal, entonces las “malas” desviaciones posturales proporcionarán un estímulo mecánico al tejido que en realidad es muy bajo, mucho más de una posición que de un movimiento. Es muy probable que el estímulo mecánico no alcance el nivel requerido para activar los receptores diseñados para percibir un alto estímulo y luego transmitirlo de vuelta al cerebro.

Ahora bien, se podría formular la hipótesis de que un estímulo mecánico de bajo nivel prolongado podría crear dolor, la pregunta es: ¿tenemos la evidencia necesaria para sugerir que un estímulo mecánico de bajo nivel persistente puede activar un receptor de umbral alto?

Otra teoría es que una mala postura a largo plazo conduce a un daño en los tejidos que luego causa nocicepción. Desafortunadamente, esto tampoco parece ser suficiente. Si el desgaste de nuestros tejidos fuera simplemente la causa del dolor, entonces no veríamos a muchas personas asintomáticas con daños o degeneración en los tejidos… ¡pero los vemos!

Este estudio de imágenes de la columna vertebral *Pincha Aquí* estimó que la prevalencia de la degeneración del disco era del 52% para los sujetos asintomáticos de 30 años, aumentando hasta el 80% para los sujetos de 50 años. El desgaste de nuestros tejidos es el mismo que el de las canas, la calvicie o las arrugas, pero es menos evidente porque no es externo. Tu cerebro puede que no reconozca esto como una amenaza.

¿Cuánta gente tiene lo que se podría considerar como posturas “pobres” y nunca desarrollan ningún dolor? Apuesto a que puedes pensar en bastantes personas que conoces. Volviendo al principio del artículo, recordarás que la nocicepción del tejido por sí sola no es suficiente para la percepción del dolor.

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SOMOS ADAPTABLES

Los tejidos son increíbles para adaptarse a cargas mayores. De hecho, si vas al gimnasio, eso es exactamente lo que le pides a tus tejidos que hagan, adaptarse a una carga mayor. Estas cargas serán mucho más altas y en rangos articulares más extremos que tu mala postura promedio.

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Lo mismo puede ser cierto cuando hablamos de un músculo que está “sobrecargado” y fatigado por una postura defectuosa como fuente de dolor. Seguramente con el tiempo el músculo se adaptaría al nivel de resistencia requerido para cumplir con las exigencias de la tarea. ¡Un poco como el entrenamiento para un maratón! También se ha discutido que tenemos que alternar el reclutamiento de las fibras musculares dentro de los músculos para evitar la fatiga.

El sistema biológico humano tiene la capacidad de adaptarse y repararse a sí mismo. Tenemos grandes tolerancias y variaciones tanto en la anatomía como en la función. El paradigma “correctivo” parece asumir una fragilidad inherente con las más pequeñas desviaciones causando grandes problemas.

Ciertamente parece que tenemos un conjunto de pruebas que sugieren que las personas con dolor persistente no tienen posturas muy diferentes de las que no sufren dolor.

Aquí vemos que las posturas de la columna cervical no difieren entre las personas con y sin dolor de cuello *Pincha Aquí*

No hubo diferencia en este estudio de lordosis lumbar de los que tenían dolor de espalda y los que no *Pincha Aquí*

Reuní algunas de las pruebas sobre la postura y el dolor en este blog *Pincha Aquí*

Seguramente si la postura, el dolor y el daño de los tejidos estuvieran estrechamente correlacionados, veríamos esto reflejado clara y consistentemente en la base de la evidencia. Podríamos entonces hacer un buen caso para un programa de “ejercicio correctivo” pero desafortunadamente no lo hacemos.

Otra causa propuesta de dolor por mala postura es el continuo estrés de los tejidos y la subsiguiente inflamación. ¿Tenemos pruebas sólidas de que una “mala” postura conduce a un estado inflamatorio del tejido que podría provocar dolor? Si estás leyendo esto y tienes alguna, entonces por favor envíamelas.

De nuevo, seguramente si las desviaciones posturales creasen una inflamación y un cambio en el estado químico del tejido, entonces veríamos una correlación más consistente entre las personas con una “mala” postura y el dolor.

¿Es el prolongado estímulo mecánico de bajo nivel propuesto suficiente para desencadenar una respuesta inflamatoria? Si miramos el excelente modelo de Dye de “homeostasis tisular” *Pincha Aquí* entonces el estímulo tendría que ser lo suficientemente grande como para exceder la zona de carga normal tolerable y entrar en la zona de carga suprafisiológica interrumpiendo los procesos fisiológicos normales del cuerpo, no estoy convencido de que lo haga.

Las posiciones posturales adoptadas por períodos prolongados ciertamente podrían influir negativamente en los nervios a través de la tensión y la compresión del propio nervio y a través de las fuerzas aplicadas al nervio por la contracción muscular prolongada.

Esto puede afectar al flujo sanguíneo intra-neural y los nervios son especialmente sensibles a las disminuciones de oxígeno y a la isquemia resultante con un PH tisular bajo asociado (acidosis) que puede producirse por la reducción del flujo sanguíneo. El nervio sensibilizado puede entonces ser activado para enviar señales de peligro.

Esto podría suceder en realidad a CUALQUIER postura que adoptemos durante un período de tiempo prolongado. Podría ser una postura encorvada o lo que podríamos describir como una “buena” postura. El factor principal sería que la postura se mantiene durante mucho tiempo, no realmente la posición que adoptamos. En lugar de la postura, sería la falta de MOVIMIENTO lo que es problemático.

Por eso, después de estar sentados durante mucho tiempo, a menudo tenemos que levantarnos y movernos. Nos sentimos rígidos e irritables y necesitamos bombear y fluir a nuestros tejidos para impulsar más de lo bueno y eliminar lo malo. A menudo nos levantamos, nos movemos un poco y nos sentimos mucho mejor, ¡es sólo un sistema básico de advertencia para moverse!

En esta situación CUALQUIER movimiento podría ayudar sin necesidad de que sea “correcto” o “corrector”.

Desequilibrios musculares

Uno de los culpables de una mala postura que a menudo escucho es un “desequilibrio muscular”, un músculo que es más fuerte que otro alrededor de una articulación que lo saca de la posición “correcta”.

¡Me imagino esto como un tira y afloja!

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Una pregunta que me viene a la mente es que, en una situación que requiere un pequeño porcentaje de fuerza contráctil, ¿esta diferencia de fuerza se haría evidente?

Durante las contracciones isométricas de bajo nivel empleadas para mantener una postura se estima que utilizamos entre el 4 y el 7% de MVC (contracción voluntaria máxima). (La ergonomía de las posturas de trabajo P142, Corlett E et al 1985)

Tal vez sólo por encima del umbral entre 4 y 7% la diferencia de fuerza de un músculo “ganaría” la batalla. En un nivel más bajo de exigencia, tal vez simplemente se equilibren entre sí, como si se tratara de un tira y afloja. Entonces, ¿sería probable que el desequilibrio de la fuerza llevara a cambios de postura cuando se requieren niveles tan bajos de MVC para mantener una postura?

Nuestra postura también está influenciada por un número de sistemas diferentes como los sistemas visuales y vestibulares, no sólo por la fuerza o la longitud de dos músculos opuestos (entre muchos) alrededor de una articulación. Tal vez sólo mirar dos músculos es una visión demasiado simplista de la postura.

A menudo buscamos “corregir” los patrones de activación de los músculos, especialmente en el dolor de espalda, sin pruebas reales de cómo deberían activarse en primer lugar. Aquí vemos dos piezas de investigación que muestran que los músculos abdominales y su función tienen poco que ver con la mejora del dolor de espalda *Pincha Aquí* y *Pincha Aquí*. Tal vez la alteración de la activación múscular es el resultado y no la causa del dolor de espalda y por lo tanto no está implicada en la resolución del dolor.

Aquí hay un poco más sobre el debate de la estabilidad del núcleo *Pincha Aquí*

Impacto psicológico

También debemos pensar en el impacto psicológico. ¿Cómo afecta a la sensación de fragilidad el decirle a alguien que está “desequilibrado” y que necesita ser “corregido”? ¿Podría esto traducirse en una interpretación de estar “roto”?

¿Podríamos ver el término como un nocebo? El nocebo es lo opuesto a un placebo, esencialmente tiene el potencial de empeorar las cosas, no de mejorarlas, especialmente si no hay ningún problema para empezar y se crea uno.

La conciencia de la importancia de nuestra interacción con la gente está creciendo *Pincha Aquí* e incluso si tuviéramos pruebas creíbles de que la gente necesita “corrección” probablemente sería mejor no disfrazarlo como tal.

También puede reforzar el papel del terapeuta como la persona requerida para “arreglar” su “postura”. Ambas cosas se basan más en la imaginación que en la realidad.

Esto fue originalmente publicado en el sitio web de Ben Cormack. Puedes hacer clic aquí para leer más blogs de él.

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Sobre el Autor

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Ben Cormack

Musculoskeletal Therapist United Kingdom

Ben Cormack es el propietario y gerente de Cor-Kinetic. Él es un terapeuta musculoesquelético con una formación clínica en terapia deportiva, rehabilitación, ciencia del dolor y ejercicio que se remonta a 15 años. Se especializa en un enfoque basado en el movimiento y el ejercicio con un fuerte componente de educación y enfoque centrado en el paciente. Ben es un docente internacional popular que ha impartido conferencias, presentaciones y cursos en todo el mundo.

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